martes, 13 de junio de 2017
Cuando ya no te conoces
Hoy vengo a desahogar aquí mis penas. A llorar a mis no lectores y lectoras. A hablarle a la nada. Es una manera eficaz de descargar, aunque a nadie le importe, aunque ni a mi me importe.
Anoche tuve una conversación con alguien, que sin duda puedo afirmar, que podría ser perfectamente mi alter ego real. Alguien que puede terminar mis frases y curiosamente es con quien menos tiempo he pasado conmigo, pero el suficiente para conocerme. Te envidio. Te envidio porque yo no me reconozco. Te envidio porque afirmas que el envoltorio cambia pero no nosotros por dentro y yo, a día de hoy, no puedo hacer tal afirmación. Sería muy osado por mi parte, tanto que si cometiera un error, jamás me lo perdonaría.
La vida es dura, eso lo sé, no necesito que ninguna persona ilustrada venga a aclararlo, pero mi pregunta es, ¿Por qué? ¿La complicamos nosotras? ¿Nosotros?
Últimamente mis noches se hacen eternas. Tener tiempo para pensar es una jodienda de la que no puedes escapar, no puedes porque tu cerebro se pone a maquinar y no es, hasta que el sueño te gana la partida, que consigues desconectar. He llegado a una conclusión, ya no me conozco a mi misma. No sé en qué momento cambió todo, bueno sí, lo sé. Una mala decisión me lanzó al abismo. Pero, ¿soy la única culpable?, me niego a pensar que así es.
Mi envoltorio ha cambiado tanto que hasta ha hecho mella en mi carácter, en mis ganas de luchar, de vivir, de pelear. Mi envoltorio es mi condena y las palabras condescendientes no ayudan en absoluto. No ayudan por una sencilla razón, el espejo no miente, mi percepción de mi no miente, sin embargo, mis ojos no reconocen el reflejo. Es como empezar de cero, pero con memoria...
También reconozco que soy alguien que defrauda con rapidez y sin compasión. Hace tiempo que aprendí a amar de una manera diferente, pero no la manera que tenía hace 15 años, antes era más puro, más incondicional, más soñador, menos miedoso, hoy amo, de una manera más tímida, de una forma menos alegre, hoy me conformo con seguir respirando y mantener a un número reducido de personas a mi lado. Hoy no me quiero comer el mundo, ni que me trague la tierra, hoy simplemente quiero no olvidar como se respira y esperar con paciencia lo que la vida me depare.
He perdido la ambición, las ganas de cansarme hasta caer exhausta y disfrutar de un sueño reparador. Hoy no me reconozco y aunque el camino lo voy andando no encuentro pistas sobre mi yo...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario